domingo, 18 de marzo de 2012

Gataflorismo de sillón


Un comienzo es, sobre todas las cosas, una oportunidad, una chance de que todo crezca, evolucione o al menos mejore.

Un comienzo de torneo en el fútbol argentino parece ser una nueva oportunidad para refritar debates berretas, potenciar panelistas con pretensión farandulera o hacer simplemente de algunos diarios o programas de tv especializados un símil de Intrusos.

Marco el punto en Boca. No parece feliz que tenga más relevancia el reclamo interno del capitán al técnico que lo conseguido por el grupo hace un puñado de días nomás. Boca volvió a ser campeón luego de ser noticia sólo por sus internas por doce … ¡DOCE! puntos de ventaja con el segundo, al que tremenda diferencia de puntos le arrebata hasta el mote de sub-campeón.

Fue Boca y todos los demás. Fue Falcioni y su objetivo, su estrategia y su sello en busca de un objetivo y lo logró. Le dio a Palermo el final que merecía bancándolo en la malaria y un torneo después confió en los suyos (Ervitti, Cvitanich) para que Román vuelva a salir en las tapas levantando una copa y no caminando en ojotas, para dar la vuelta en el año del descenso de River. Era lo ideal y el tipo lo logró y el tipo merece un respeto que no se le da.

Claro que a los empachados de sillón y sobremesa, a los pasados de cafeína y burbujas no les cierra este modelo al que tildan de amarrete y a la hora de reclamar no se apiadan con el técnico que encima tiene el tupé de eludirlos y despacharse por Twitter en vez de salir en los programas “líderes”.

Si no gusta Boca se puede apoyar la lupa en Vélez, un señor equipo, con estilo definido, abrazado a un modelo donde predomina el buen trato de balón, pero Veléz no es Boca. No es el Fortín la gallina de los huevos de Oro. Menos se fijará el ojo en Tigre que hasta me animo a afirmar que tiene un mérito mayor que el de Vélez, ya que ese estilo lo pregona o intenta pregonar caminando al borde del abismo del descenso. Asume riesgos, se la juega y da batalla. Huevos de Oro y nada de “gallineo” en el modelo Arruabarrena (que será pedido a gritos para la Rivera en breve)

Los debates de estilo, parecen desgastados pero simplemente porque se los plantea de una manera banal y débil. Hay un nuevo debate enriquecedor por abrir y está en nosotros como comunicadores encontrarlo, expresarlo y renovarlo.

Si técnicos como Falcioni no tienen ganas de hablar es porque les preguntan las mismas cosas siempre y él tiene derecho a despachar “gatafloras” porque es, ni más ni menos, que el técnico del campeón y no le debe nada a nadie.

sábado, 17 de diciembre de 2011

Ya se acerca Nochebuena


Llegando con el olor del tanque como quien dice, pasando por enfrente de los balances de fin de año y aún tratando de no entrar en los detalles del torneo más federal, más raro, más carente de clásicos de la última década, es imposible no recordar algunos hechos puntuales de un tiempo que será imposible de recordar para varios equipos y millones de hinchas. No puedo evitar relojear algunas estadísticas para ver qué dejó el remolino desde aquel febrero en el que comenzaba el Clausura 2011.

Para empezar se llevó a Huracán que arrancó su última temporada con Brindisi y selló su despedida con Pompei. Acá se sufrió por el Lobo que, por lo menos, se sacó de encima a Cappa y que aún padeciendo la mala, recuperó parte de su sonrisa en la BN con el Pedro de la gente; Quilmes pasó a saludar con Madelón en el banco y se fue con Caruso y ni hablar del porrazo de River, el gigante que gana y gana pero aún trata de digerir la realidad que todos los días lo muestra como aspirante al ascenso a Primera. Y también se fue Palermo, pero por la puerta grande.

En otro rubro, para varios la salida no fue la esperada. Tales son los casos de Berizzo en Estudiantes, la de Sensini en NOB o la de Mohamed del Rojo (que fue campeón Sudamericano ¿se acuerdan?) ¿Otros casos? Méndez en Banfield, Ramón en el Ciclón, Gamboa en Colón (derecho al sillón de FOX), Russo y su sonrisa incandescente de Racing (también se iría del Pincha con casi calcado destino) por tirar solamente técnicos.

Pero llegando las Navidades quisiera permitirme otra atribución desde esta columna. Esta vez será armar una carta para el arbolito, como cuando pibe, con algunos pedidos que creo le vendrían bárbaro a la estructura futura de nuestro querido Clausura por llegar. A ver si atiende Papá Noel.

Que más de un equipo quiera ganar el torneo así no le sobran cuatro fechas.

Que Estudiantes contrate a Justo Villar y a Coria, ya que un arquero y un volante ofensivo le vendrían bárbaro.

Que Cappa en estas fiestas brinde con Sidra del Mercado Central y se clave unos grandes éxitos de Amar Azul para el bailongo post-brindis.

Que en el Domo Multieventos de 32 y 25 también se pueda jugar al fútbol (digo jugar, con la pelota rodando parejito, que no vuelen pedazos de pasto como si estuviera el suelo minado)

Que Daniel Vila haga una conferencia como Presidente de la AFA paralela, con Pamela David a upa desde la base Marambio, buscando la absoluta federalización del torneo.

Que Benedetto cumpla fecha a fecha la próxima cábala de Falcioni.

Y nada más, esos son mis pedidos. Desde acá felices fiestas para todos y a disfrutar del mejor fútbol que viene, el que se juega con amigos o con familia después del asado y al sol. ¡Salud!

El amor en los tiempos del cólera


Que alguno haya tenido el tupé de siquiera insinuar tildar como “traidor” al gran René Houseman sólo porque la imagen que llegaba desde Catamarca nos mostraba a ese Chaplin de la pelota festejando los goles de su amado Excursionistas eliminando de la Copa ni más ni menos que al club que le hizo conocer la gloria, su querido Huracán.

Hay quién no puede entender que el amor de tu vida es y será uno solo y que lo demás serán bellos recuerdos o hermosos presentes, pero no entender ese detalle, nos desnuda como carentes de romanticismo futbolero. Y que no se me pare de manos algún lector bravío con que esto es una mariconada porque quisiera verlo cuando su pibe haga un gol y lo busque en la tribuna o la nena se le venga a los brazos con la camiseta 10 de acetato imposible de poner en verano, la que la madre rogó, siempre y en silencio, que no le compre.

Esta cuestión del etiquete per sé, de los traidores apuntados por vaya a saber qué tipos y de qué calaña nos da clara evidencia de que algunos personajes, hinchas con micrófonos o máquinas de escribir pongámosle, están realmente mal. Quien no avale la chance de que en el fútbol haya amor en estado puro (no amor enfermo y repudiable) sino del que estalla en el cuerpo, del que fluye como lava en sangre, aquel que no repare que ese es el amor que tiene el Loco Houseman por el club de su barrio, de su vida, por su verde de siempre, quien no entienda eso, nunca podrá entender quién fue Quijote de la gambeta, Rey del potrero que dejó su posta al entrañable Burrito Ortega que al igual que él se fue con su chispa y sus demonios a tirar caños por las canchas del ascenso.

Cuentan los libros que René Orlando Houseman hizo todas las inferiores en Excursionistas pero que las vueltas de la vida lo llevaron a debutar en primera con la casaca del rival de barrio, de Defensores de Belgrano (actual equipo de Ortega) allá por el 71. Que su desparpajo, su desequilibrio y sus gambetas lo llevaron al Huracán de Menotti que lo apañó y le dio la chance no sólo de coronarse campeón en Primera sino también de jugar dos mundiales y ser Campeón del Mundo en el 78; después su infierno personal hizo que su carrera se fuera diluyendo, casi como él, pero siempre soltando magia al andar.

Eso dicen los libros, pero cuenta el propio Hueso en una entrevista: “Una tarde me presenté en el estadio para jugar el partido directo desde un cumpleaños de la noche anterior, con (por supuesto) un estado de ebriedad total. Cuentan que me hicieron duchar y que me dieron de tomar varios de litros de café. Jugábamos de local contra River... Cero a cero el partido, 41 minutos del segundo tiempo: parece que fui a buscar una pelota, que fui avanzando en diagonal de derecha a izquierda eludí a uno, la tiré larga entre los dos defensores centrales y cuando desde el arco me salió el Pato Fillol en el mano a mano, amagué, lo eludí y la crucé suavemente con la pierna derecha. Modestamente, un golazo. Luego dicen que quedé tirado en el piso riéndome. Tras eso me hice el lesionado, pedí el cambio y me fui directo a dormir a mi casa. Comentan que la gente (ignorando inclusive mi situación de ese momento) me despidió con su tradicional: Y chupe, chupe, chupe… no deje de chupar… el Loco es lo más grande del fútbol nacional ¡Hice un gol borracho!".

Eso dicen los libros, eso cuenta él. Yo prefiero creer que el propio espíritu de Mané Garrincha se instaló en su cuerpo porque necesitaba seguir jugando, que sé yo…

Hay otro amor muchachos, éste del Loco que no lastima, que no daña, el puro, el pícaro y es el que juzgan algunos por no saber de eso. No es el cólera quien aparece como creían quienes pululaban alrededor del doctor Juvenal Urbino de la Calle, a quien le hervía la sangre con sólo nombrar a la plebeya Fermina Daza en la obra de García Márquez, al que de paso le tomo prestado el título de su novela para esta humilde columna. La cosa va por otro lado y aunque yo deteste las exclusividades, parece que es sólo para entendidos de cuestiones de noches largas y del corazón esta historia del malabarista del Bajo Belgrano y su intacta fidelidad a Excursionistas.

Pd: Aguante Tricolores Carajo!!

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Dientes apretados y picardía


Tengo para compartir dos recuerdos puntuales: uno tiene que ver con una foto y otro con la infancia en Parque Saavedra. Esos son los principios del romance con la pelota, con la adultez sobre mis espaldas en la relación hubo varios coletazos de amor-odio, de todos los colores. La pelota me llevó desde una reconciliación con un hermano a arrebatarle una camiseta a un hincha propio por indigno, hasta llegar al hastío cotidiano, al descreimiento general.

La primera situación fue, justamente, el puntapié inicial del amor entre quien escribe y la pelota. Andaba yo por cuarto o quinto grado cuando un amigo y compañero de esos años de Media 2 (Andrés Rojas, ojalá estés leyendo) me hizo el regalo que más atesoré en el tiempo. Tiempos esos de esperar el recreo y salir a marcar el arco con tiza naranja hasta donde llegaba el brazo estirado, de pelotita de tenis para jugar contra los de sexto y de dos tiempos de diez minutos jugados como finales. Y así de lunes a viernes, todos los días una final. No había plata, ni mejor motivación que ganarles a “esos” y después, antes de salir, cuando formábamos mirarlos de reojo con cara pícara.

Así nos gustaba jugar, con dientes apretados pero con picardía, con alegría, siempre. De momentos como ese es que entiendo lo de “se juega como se vive”. Al final no les dije, pero Andrés me regaló una pelota de fútbol. La más linda de todas, era naranja, de goma y con rayas negras que hacían de gajos. Esa noche dormí abrazado a la pelota y mi vieja inmortalizó el momento que hoy todos pueden ver si andan por mi casa.

Apenas crecido suponía que mi nivel, reconocido por mis pares (nunca me eligieron último en un pan y queso) estaba para jugar con “los grandes” en el mismísimo Parque Saavedra, a mis ojos y mi comprender de aquel entonces un símil de Maracaná. En esa misma cancha, mi viejo (ex volante por derecha) y mi hermano (aún hoy un todoterreno anti-age) hacían que mi deseo de meterme en el equipo se agigantara. Así la ilusión me llevaba a calzar el equipo entero, medias altas, camiseta adentro del lompa y el flequillo chivado de patear en la previa; después cuando llegaban los pesados, se empezaba a patear más fuerte y ahí terminaba mi parte. El partido largaba y yo de afuera mirando todo, esperando, un poco afligido, el debut en la cancha que siempre bordeará el lago.

Del día que me dejaron jugar recuerdo que en la primera corrí como un descosido, apuré a un maleta y sacudí. Entre el buzo y el palo de luz quedo el arquero mirando mi primer gol oficial. Dos frases tengo inmortalizadas, una la recriminación del portero que aún hoy escucho clarita “Claro, quédense ahí, arriba están las estrellas” ¡Un poeta el tipo! Y el elogio de mi hermano Franco que largó un “parecés Oliver Atom”. Ese día amé al fútbol como nada amé durante mucho tiempo. La historia siguió durante centenares de domingos a la mañana, hasta los fideos de la abuela se jugaba. Ese era el límite. A la una, todos los Caviglia y el eterno Yono, nos entregábamos a la feliz tana costumbre de la familia. Seguíamos con el fútbol italiano por canal 9, con el joven Niembro y así derecho. Fútbol hasta dormir.

Hoy ver futbol me duerme, me interesan tanto algunos partidos como me interesa lo que pueda prometer un político en campaña. Pero sigo fiel a la pelotita. Si me habré peleado con novias… si habrá sufrido mi vieja… si mis hermanos se habrán preguntado en qué estado andaré, todo por ella. Será que siempre, en un melancólico lugar espero encontrar en algún equipo, en algún protagonista a ese pibe que amó el fútbol y que al ver la pelota le brillaban los ojos. De tanto apretar los dientes y de irradiar tanta picardía.

miércoles, 19 de octubre de 2011

Acá están, estos son


Muy difícil de organizar, ni hablar digerir, el hecho de pasar dos, tres días anotando nombres en una agenda y tratar de interpretar qué pasa, lo que puede pasar en la Casa Madre del Fútbol Argentino como gustan decir (también me pregunto si no estaré cansado de toda esta basura y si no debería estar mas tiempo con mis ahijados en vez de estar viendo papelones en cadena nacional, pero esto a nadie le interesa).

Dije lista y en ella tengo a Julio Grondona, Daniel Vila, Carlos Ávila, José Luis Meiszner, Héctor Magnetto, Eduardo De Luca, Germán Lerche, Carlos Portell, Paco Casal y Aníbal Fernández. Repásenla y explíquenme si la discusión debiera ser quién es el legítimo presidente de la AFA, si un amparo puede cambiar un estatuto o si el remedio hoy es peor que la enfermedad.

En columnas anteriores, desde este lugar se ha plasmado un concepto sobre Vila. Un mediático dueño de multimedios (valga el juego), presidente de un club que se ha manejado muy mal en la B Nacional como Independiente Rivadavia de Mendoza y que la base de su flojo andar ha sido la búsqueda de los golpes de efecto (contratación de Ortega, contratación de Fabbiani luego y entrada de los “no locales”, no sin antes haber reemplazado a un DT que salió de un panel televisivo que él armó, como en tiempos de Niembro y su banco de entrenadores). En fin, al tipo hay que reconocerle algo: es el primero que pone en una especie de aprieto a Grondona; no lo sacó es verdad, pero hoy, aunque el ferretero se ría ante su tropa y la tropa responda, el tipo se sintió golpeado. Similar debe ser cuando a un campeón pesado le vuelven a tocar la mandíbula después de un tiempo.

Hoy remedio y enfermedad parecen parecerse. Claro es que los intereses que movilizan a varios de los personajes nombrados al principio son absolutamente no santos y más tienen que ver con el despecho y con las heridas que deja la ambición por no poder manejar todo.

Carlos Ávila le planta una cámara a Grondona donde el tipo habla de dinero sucio, de negociados y chanchullos varios. ¿Lo sabía antes Ávila? Por supuesto. ¿Por qué lo hizo ahora? Porque la torta se fue para otro lado. ¿Para cuál? Para el lado de Quilmes, primero Aníbal Fernández y después José Luis Meiszner. ¿Y Magnetto? También quedó tocado porque su Grupo Clarín terminó manchado, de hecho la cobertura de la cámara oculta Olé fue casi amateur. ¿El resto? Lerche es presidente de Colón, equipo que se llena de refuerzos y en ilusiones queda hace años, eso sí, a nivel infraestructura y a pesar de no generar prácticamente ventas, ha crecido enormemente; Portell, presidente de Banfield, a quién hace unos días le pospusieron una elección por denuncia de fraude, durante muchos años trabajó junto a Duhalde para hacer crecer al Taladro, con relación directa y familiar con una de la empresas que vistió a la entidad durante años (Nanque). Paco Casal es al fútbol argentino un Guillote o un Pires de estos tiempos, apuntado en más de una oportunidad de poner y sacar jugadores de la mismísima selección uruguaya, es el empresario más influyente del fútbol celeste.

Me queda una sola confirmación, si la AFA es la Casa Madre y estos personajes son sus hijos, el pasado de la Asociación debe haber sido muy pero muy bravo.

La palabra clave es adaptación


En la lucha diaria a los nuevos bríos o a los cambios bruscos. En nuestros trabajos a las dificultades, en las parejas a la convivencia y los ejemplos siguen, a pesar de todo siempre podemos elegir qué clase de camino continuar. O podemos adaptarnos.

El fútbol argentino, exagerado o desmedido que parezca, también ofrece posibilidades y situaciones que suelen (o solemos equivocadamente o no) llevarnos a situaciones similares a las de la vida cotidiana, sin embargo, los clubes y los futbolistas (exclusivamente ellos) no pueden contar con el privilegio de la libre elección. Por caso, en plano futbolístico, Gimnasia paga la adaptación a una nueva e indeseada categoría, Central la pagó una temporada entera y Huracán, mal que le pese a alguno, conoce alarmantemente lo que es la militancia del ascenso por citar a los nombres pesados de la BN.

Sin embargo River hace excepción, en realidad la AFA la impone. Y decreta que la categoría debe adaptarse al millo y no la viceversa, como debiera ser.

También expone a los clubes y a los pocos tipos capaces que componen los organismos de seguridad. Todo por un decreto condenable que crece alrededor de un descarado interés económico que pone en riesgo al hincha común. En riesgo de vida. Con 257 víctimas y mucho más de la mitad de los casos por resolver aplicar la convivencia de hinchas locales y visitantes, luego de un parate de cuatro años, sin haber concluido ninguno de los clubes las obras faltantes para poder recibirlos, sin haberse presentado un solo proyecto serio al respecto y sin haberse implementado nuevas medidas de custodia abrirle las puertas al riesgo de tragedia, es al menos, desmedido y sentenciable.

Hay que adaptarse como dijo Julio Grondona, la seguridad y los hinchas del resto a la AFA y a River , el club que tiene socios que se apuñalan dentro del club y una barra que rompió los perímetros en Córdoba para increpar a sus jugadores dentro de la cancha y ya con descenso consumado destruyó su cancha y su barrio.

Adaptarse a Don Julio o adaptarse a Daniel Vila, el nuevo titiritero, el padre de los hinchas neutrales, contrapunto de Grondona aunque se parezcan mucho más de lo que el propio Vila quiere creer.

Como periodista me cabe poner lupa en el asunto por obligación profesional. Como espectador desearía no adaptarme, olvidarme de este circo y dedicarme a otra cosa. Pero me resigno y me adapto yo también.

lunes, 8 de agosto de 2011

100 veces GRACIAS


" Ser un escriba objetivo, independiente y puro es un esfuerzo tan ingente que a menudo lleva al olvido de las estructuras narrativas y de los elementos básicos del idioma, pero jámas del honor"

Más de 2 años, más de 100 publicaciones y más de mil las gracias a los que bancaron esta idea desde el primer día hasta hoy que desde este humilde lugar, las notas llegan a un público mayor.

La frase que acompaña esta publicación pertenece a Aristófenes y define perfectamente la idea del Blog. De nuevo Gracias
a ustedes y a Fontanarrosa, a Cascioli, a Dolina, a Braceli, a Galeano, a Vargas y a todos los que inspiran este placer de expresar del modo que sea, en el momento y en el lugar que sea.



El dibujo pertence a Peter Tjagunov en homenaje al Negro http://homenajealnegro.blogspot.com/